20-12-2011 Corea del norte. Occidente quiere saber qué rumbo tomará el país con poderoso arsenal nuclear
Kim Jong-il, el pequeño Amado Líder norcoreano, falleció este sábado, pero la noticia se conoció recién ayer.
Tenía 69 años y murió por «fatiga física y mental», informaron los medios oficiales de Corea del Norte. Murió de un infarto mientras viajaba en tren, precisaron las agencias.
Temía viajar en avión, amaba el cine y el alcohol, y usaba uniforme militar y plataformas bajo sus zapatos, para contrarrestar su baja estatura.
Sobre el resto de la vida y la muerte del comandante supremo del Ejército Popular de Corea poco se sabe, a pesar de que gobernó en el norte de la península desde 1994 y fue, desde su asunción, una amenaza constante para Corea del Sur y Occidente.
El Amado Líder logró fabricar bombas atómicas y misiles capaces de alcanzar a Estados Unidos, según los analistas. A su vez, cada tanto gustaba de mostrar su poderío armamentístico en ensayos que hacían temblar a los surcoreanos, cuando no los sepultaba. Sin embargo, más que sentir alivio por la noticia, tal como sucedió este año con las muertes del líder afgano Osama bin Laden o la del libio Muammar Gadafi, Estados Unidos recibió con inquietud la noticia. El presidente estadounidense Barack Obama habló ayer por teléfono con su aliado surcoreano, Lee Myung-bak, para coordinar medidas conjuntas en caso de que en la República Popular Democrática de Corea, el nombre oficial de la Corea comunista, se produzca un vacío de poder.
Los teléfonos sonaron en todo el mundo. Pero los telegramas y los pésames que llegaron a Corea del Norte fueron pocos. China, Rusia y Venezuela enviaron sus condolencias. Los demás países averiguaban de apuro quién es Kim Jong-un, el hijo menor y sucesor de Jong-il. La información sobre el heredero, a quien la televisión estatal llama «El gran sucesor», es escasa, como sobre Corea del Norte, donde el enigma solo es dilucidado por dos constantes: autoritarismo y hambrunas.
Sanciones post mórtem
Poco después de conocer la noticia del fallecimiento del dictador comunista, la Asamblea General de la ONU adoptó ayer una resolución de condena de la situación de los derechos humanos en Corea del Norte.
A las restricciones a la libertad de expresión, religión y reunión se les suman las ejecuciones públicas y las detenciones arbitrarias y extrajudiciales.
Además de las penurias políticas y sociales, los norcoreanos sufren los problemas económicos del país. Luego de la caída de la Unión Soviética, en 1991, Corea del Norte perdió a su principal aliado político y comercial y quedó prácticamente aislada del resto del mundo.
La alianza con China, que respalda al régimen norcoreano, es el único salvavidas del que pende el país. La apertura hacia el diálogo con Estados Unidos y Corea del Sur es una novela con final abierto, en la que los ataques balísticos han tenido más protagonismo que los encuentros.
En ese marco de decadencia económica, aislamiento político y mínima apertura, el sistema de Naciones Unidas ha estado proporcionando asistencia humanitaria en la península, donde 6 millones de personas sufren este año la crisis alimentaria del país y el 33 % de los menores de 5 años padecen malnutrición.
Amnistía Internacional dijo ayer que la muerte de Kim Jong-il es una oportunidad de mejorar «el historial catastrófico en derechos humanos» de Corea del Norte, si bien aventuró que su sucesor, Kim Jong-un, intensificará la represión.
Sam Zafiri, responsable de Amnistía en el área de Asia-Pacífico, sostuvo que «Kim Jong-il, como lo hizo antes su padre, dejó a millones de norcoreanos en la pobreza, sin acceso a alimentos y sanidad, y con cientos de miles de personas detenidas en brutales campos de prisioneros».
Amnistía recuerda que cuando en 1994 Kim Jong-il asumió el poder a la muerte de su padre, el fundador del régimen norcoreano Kim Il-sung, decenas de miles de personas y sus familiares fueron encarcelados y oponentes políticos fueron ejecutados «en secreto o públicamente, después de juicios injustos o incluso sin juicio».
El legado
Esta vez, Kim Jong-un, de 29 años aproximadamente, además de las penurias, hereda el culto al poder que forjó su padre. Y la guerra con Corea del Sur. Técnicamente, el conflicto que enfrentó a ambas Coreas entre 1950 y 1953 nunca concluyó. Al armisticio, no le siguió un tratado de paz.
Según algunos medios de prensa internacionales, Jong-il pidió a su sucesor antes de morir que encamine el proceso de desarme nuclear. Sin embargo, estas conjeturas, en el contexto de hermetismo del país, parecen humoradas.
Por el contrario, la agencia EFE, especula con que el fallecimiento de Kim Jong-il aumente la incertidumbre con respecto al reinicio de las negociaciones a seis bandas, estancadas desde 2008, que buscan la desnuclearización de Pyongyang, empeñado en retomar el diálogo sin condiciones previas. Washington y Seúl, con el apoyo de Japón, que también participa en la ronda con Rusia y China, mantienen inalterable su postura de que no habrá más reuniones si el régimen no cesa su programa de enriquecimiento de uranio y permite la entrada de inspectores del Agencia Internacional de la Energía Atómica. El funeral del líder norcoreano, al que no han sido invitadas delegaciones internacionales, tendrá lugar el 28 de diciembre en Pyongyang, capital del país, y donde se decretó luto hasta un día más tarde. Hasta entonces, al menos, no habrá diálogo.
Historias fantásticas
La historia de la dinastía norcoreana está rodeada de un hálito fantástico.
Kim Jong-il era hijo de Kim Il-sung, el Gran Líder y presidente eterno, el fundador de Corea del Norte.
Se cree que Kim Jong-il nació el 16 de febrero de 1941 en Siberia, donde su familia se exilió durante la segunda guerra mundial. Sin embargo, su biografía oficial afirma que llegó al mundo en la montaña sagrada norcoreana de Paektu en 1942 -justo 30 años después del nacimiento de su padre- y que su nacimiento estuvo acompañado de un doble arco iris y una nueva estrella en el cielo.
El nacimiento de su heredero político, su tercer hijo, también es un misterio. Menos misteriosaresulta, sin embargo, la elección del sucesor.
El primogénito cayó en desgracia tras ser detenido en Japón cuando intentaba entrar con un pasaporte falso para visitar el parque Disneylandia de Tokio. Y el segundo hijo no gozaba de la simpatía de su padre, por su amaneramiento. Llegó el turno entonces de que Kim Jong-un muestre su hombría. (El Observador y agencias)
Incertidumbre tras muerte de Kim
20/Dic/2011
El Observador